Cuando venimos a Cristo por primera vez, nuestra fe es infantil hay cosas que no entendemos, cosas que no digerimos, no sabemos tan siquiera como orar o como leer la Biblia.
Pero Dios desea que crezcamos más en fe y confianza en El, para que en la prueba podamos comprender y hacer crecer nuestra fe en Dios: El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. (1ª Pedro 1:7 NVI)
Nuestra fe cuando la ejercitamos es como cuando vamos a levantar pesas a un gimnasio, comenzamos con poco peso y poco a poco le agregamos más peso para poder fortalecer los músculos y definirlos como deseamos.


