El amor de nuestro Dios es puro y es inimaginable, por eso todas sus intenciones para con nosotros son puras. El Señor permite todo lo malo, pero no con la intención de destruirnos sino de hacernos bien, de refinarnos, de hacernos crecer en fe, de que recibamos la tan anhelada respuesta y bendición de parte de él: Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte.
He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.
(Isaías 48:9-11) El plan de Dios y el más perfecto es salvarnos, pero también es bendecirnos. Dios jamás nos afligirá por gusto, él tiene un plan perfecto para todos nosotros. Confiemos en el a pesar de todo, por amor nos ayudara, nos bendecirá, nos cuidara y también nos salvara.
Leer más